28 marzo, 2016 Alvaro Martin

Crítica de En el Sótano (In the Basement)

En el sótano, la última obra de Ulrich Seidl supone la vuelta del realizador austriaco al género documental. La película, que fue proyectada por primera vez en España en el marco de la 62 Edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián, ha sido estrenada recientemente en nuestro país, aunque su carácter autoral extremo la ha recluido a una distribución prácticamente inexistente. No obstante y aunque sólo sea por lo insólito de la propuesta, merece la pena que la busquéis. La crítica ha sido publicada en la revista de arte y humanidades Atticus. Una publicación cultural consolidada con amplios contenidos centrados en las artes liberales. Os dejo un pequeño fragmento de la misma y os animo a continuar leyéndola en el número 32 de la revista, disponible para descarga de forma gratuita desde su página web.

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¿Qué esconden los austriacos en sus sótanos? ¿Qué se oculta tras la aparente normalidad de una casa en la que aparentemente reinan el orden y el silencio? No cuesta retrotraerse hasta el 2008 y el mediático caso de Josef Frizl, también conocido como el Monstruo de Amstetten, para encontrar referentes de una propuesta tan radical como la reseñada, el retorno del polémico Ulrich Seidl al género documental, firmando una obra que recupera el espíritu de análisis metódico de sus anteriores incursiones en el género, Animal Love y Models. En el sótano no parte a la búsqueda de respuestas, sino de realidades subyacentes, y es que como la oreja lynchiana que se pudre oculta bajo el verde prado, la armonía y la estabilidad requieren la existencia del grotesco incomunicable, que no por oculto pierde su poder de convertirse en ámbito privado en una total subversión del orden que habitualmente es predominante. Asistimos así a una serie continuada de claustrofóbicas digresiones que fantasean en la intimidad del cubículo subterráneo con el poder del juego y la salvación que éste significa para el hombre adulto en todos sus distintos niveles, en todos los sótanos en los que está presente la cámara del austriaco: infantil (la maqueta del tren, la muñeca), violento (la caza, el videojuego de policial) o sexual (las prácticas sadomasoquistas). Confesiones de lo oculto a modo de confidencias ajenas a cualquier consideración ética. El asombro que le produce al extraño la sorpresa no permite ninguna valoración más allá de la estética, al encontrarse éste en un mundo regido por los fantasiosos parámetros que dicta su demiurgo.

Lo sombrío de la propuesta deja paso rápidamente a un conjunto feísta y surrealista en el que las palabras no siempre son necesarias para afianzar el retrato presentado. Su presencia, incisa y ejemplificadora, más bien sirve para corroborar la siniestra naturaleza del austriaco medio, carácter que es desarrollado en semejantes parámetros a los que ya tuviera en la trilogía Paraíso. Individuo desarraigado y sumido en un estado de aislamiento permanente del que sólo pudiera salir compartiendo sus problemas y particularidades con otros extraños seres semejantes. La diferencia está en que aquí, debido a la amplitud de un proyecto que permite poca concreción, no se presenta desarrollo del personaje, sino que se va directamente a las peculiaridades que lo distinguen entre el resto de la colección de estrambóticos individuos. Resultando de todo ello una impresión de caricatura casi constante, humanizadora por una parte pero fuente de un humor corrosivo y ofensivo por la otra. Patetismo realizado con un fuerte sentido de la malicia que está encauzado a eliminar cualquier posible atisbo de indiferencia, ampliando así la leyenda de un enfant terrible experto en la polarización de la crítica especializada, segmentada de forma irreconciliable entre acérrimos defensores e intransigentes detractores, para quienes no hay debate posible a la hora de discutir la soberanía del deleite ante lo siniestro dentro de la cinematografía austriaca. Porque incluso a estas alturas parece resultar inevitable comparar a Siedl con Haneke. Aquí también la analítica siempre presente se encarga de impregnar cada plano dejando a la vista el vacío moral de una sociedad posmoderna consumida en un sistema anémico y a la que, con mandato pesimista, parecen quedarle pocas salidas más allá de los placeres que los bienes materiales de diversa índole puedan proporcionar en el ámbito privado. Ridículo absurdo que sólo se hace patente cuando es llevado hasta la hipérbole que representa la felicidad del freak. Personaje completamente emancipado en un espacio íntimo que le permite ser él mismo fuera de toda apariencia construida en la esfera pública.

Podéis seguir leyendo el artículo en la revista.

en el sotano ulrich seidel

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